domingo, 16 de mayo de 2010

"Termina la vida y empieza la supervivencia"


CARTA DEL JEFE INDIO SEATTLE AL SEÑOR FRANKLIN PIERCE, PRESIDENTE DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMERICA
(1854)

En 1854, el presidente de los Estados Unidos ofreció comprar amplísima extensión de tierras indias, prometiendo crear una "reservación" para el pueblo indígena. La respuesta del jefe Seattle, que transcribimos a continuación, ha sido descrita como la declaración más bella y más profunda jamás hecha sobre el medio ambiente. Por otra parte, muestra la diferente concepción del mundo entre los pieles rojas -para los cuales la naturaleza es sagrada-, y la civilización moderna, que ve las cosas en términos económicos.La dramática sentencia del gran jefe indio: "Termina la vida y empieza la supervivencia", resultó profética y alcanzó incluso a su propia hija. Alrededor del año 1890, en la propia ciudad de Seattle, el fotógrafo norteamericano Edward S. Curtis, cuya meta personal era retratar a "la raza en extinción" en el ocaso de su gloria, obtuvo la primera fotografía de una larga serie que más tarde alcanzaría la fama. La modelo fue casualmente la princesa Angelina, hija del jefe Seattle, en cuyo honor se le dio nombre a la ciudad. Consumida por el paso de los años y por la miseria, ella aceptó humildemente el dólar que Curtis le ofreció por posar para la fotografía.Si no atendemos al mensaje del jefe Seattle, la humanidad entera se convertirá en una doliente princesa que, como la legendaria Angelina, pose humildemente ante la lente del futuro...sin la esperanza de sobrevivir.



El gran jefe de Washington ha mandado hacernos saber que quiere comprarnos las tierras junto con palabras de buena voluntad. Mucho agradecemos este detalle porque de sobra conocemos la poca falta que les hace nuestra amistad. Queremos considerar el ofrecimiento porque también sabemos de sobra que, si no lo hiciéramos, los rostros pálidos nos arrebatarían las tierras con armas de fuego. ¿Pero cómo podéis comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esta idea nos resulta extraña. Ni el frescor del aire ni el brillo del agua son nuestros ¿Cómo podrían ser comprados?. Tenéis que saber que cada trozo de ésta tierra es sagrado para mi pueblo. La hoja verde, la playa arenosa, la niebla en el bosque, el amanecer entre los árboles, los pardos insectos... Los muertos del hombre blanco olvidan su tierra cuando comienzan el viaje a través de las estrellas. Nuestros muertos, en cambio, nunca se alejan de la tierra, que es la madre. Somos una parte de ella, y la flor perfumada, el cieno, el caballo y el águila majestuosa son nuestros hermanos. Las escarpadas peñas, los húmedos pardos, el calor del cuerpo del caballo y el hombre, todos pertenecen a la misma familia. El agua cristalina que corre por los ríos y arrolluelos no es sólamente agua, sino que también representa la sangre de nuestros antepasados. Si os lo vendiésemos tendríais que recordar que son sagrados y enseñarlo así a vuestros hijos. También los ríos son nuestros hermanos porque nos libran de la sed, arrastran nuestras canoas, nos procuran peces... Además, cada reflejo fantasmagórico en las claras aguas de los lagos cuentan los sucesos y memorias de la vida de nuestras gentes, el murmullo del agua es la voz del padre de mi padre. Sí, gran jefe de Washington: los ríos son nuestros hermanos y sacian nuestra sed, son portadores de nuestras canoas y alimento de nuestros hijos. Si os vendemos nuestra tierra tendréis que recordar y enseñar a vuestros hijos que los ríos son nuestros hermanos y también suyos. Y por tanto, deben tratarlo con la misma dulzura con que se trata a un hermano. Por supuesto que sabemos que el hombre blanco no entiende nuestra forma de ser. Tanto le da un trozo de tierra que otro, porque no la ve como hermana, sino como enemiga. Cuando ya la ha hecho suya la desprecia y sigue caminando. Deja atrás la tumba de sus padres sin importarle. Secuestra la vida de sus hijos y tampoco le importa. No le importa la tumba de sus padres ni el patrimonio de sus hijos olvidados. Trata a su madre la tierra y a su padre el firmamento como objetos que se compran, se explotan y se venden como ovejas y cuerdas de colores. Su apetito devora la tierra dejando atrás todo un desierto. No lo puedo entender, vuestras ciudades hieren los ojos del hombre PIEL ROJA. Quizá sea porque somos salvajes y no podemos entenderlo. No hay un solo sitio tranquilo en las ciudades del hombre blanco. Ningún lugar donde se pueda escuchar en la primavera el despliegue de las hojas o el rumor de las alas de un insecto. Quizá es que soy un salvaje y no comprendo bien las cosas. El ruido de la ciudad es un insulto para el oído. Y yo me pregunto "¿qué clase de vida tiene el hombre que no es capaz de escuchar el grito solitario de una garza o la discusión nocturna de las ranas alrededor de la balsa?." Soy un piel roja y no lo puedo entender. Nosotros preferimos el suave susurro del viento sobre la superficie de un estanque, así como el olor de este mismo viento purificado por la lluvia del mediodía o perfumado con aromas de pinos. Cuando el último piel roja haya desaparecido de esta tierra, cuando no sea más que un recuerdo su sombra, como el de una nube que pasa por una pradera, entonces todavía estas riberas y estos bosques estarán poblados por el espíritu de mi pueblo. Porque nosotros amamos este país como un niño los latidos del corazón de su madre. Si decidiese aceptar vuestra oferta tendré que poneros una condición: que el hombre blanco considere a los animales de esta tierra como hermanos. Soy salvaje y no comprendo otro modo de vida. Tengo visto millares de búfalos pudriéndose abandonados en las praderas, muertos a tiros por el hombre blanco desde un tren en marcha. Soy salvaje y no comprendo cómo una máquina humeante puede importar más que el búfalo al que nosotros matamos sólo para sobrevivir. ¿qué puede ser el hombre sin los animales?. Si los animales desapareciesen, el hombre moriría en una gran soledad. Todo lo que le pasa a los animales muy pronto le sucederá también al hombre. Todas las cosas están ligadas. Debéis enseñar a vuestros hijos lo que nosotros hemos enseñado a los nuestros, que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurre a la tierra, le ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres se escupen en el suelo se escupen a sí mismos. De una cosa estamos bien seguros, la tierra no pertenece al hombre, es el hombre el que pertenece a la tierra. Todo va enlazado, como la sangre que une a una familia. El hombre no tejió la trama de la vida. Él es sólo un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace a sí mismo. Ni siquiera el hombre blanco, cuyo Dios pasea y habla con él de amigo a amigo, queda exento del destino común. Después de todo quizá seamos hermanos, ya veremos. Sabemos una cosa que quizá el hombre blanco descubra algún día; nuestro Dios es el mismo Dios. Vosotros podéis pensar ahora que él os pertenece, lo mismo que deseáis que nuestras tierras os pertenezcan. Pero no es así. Él es el Dios por igual de todos los hombres y su compasión alcanza por igual al piel roja y al hombre blanco. Esta tierra tiene un valor inestimable para Él y si se daña provocará la ira del Creador. También el hombre blanco se extinguirá, quizá antes que las demás tribus. El hombre no ha tejido la red de la vida. Sólo es uno de esos hilos y está tentando a la desgracia si osa romper esa red. Todo está ligado entre sí como la sangre de una familia. Si ensuciáis vuestro lecho cualquier noche moriréis sofocados por vuestros excrementos. Pero vosotros caminaréis hacia la destrucción rodeados de gloria y esplendor por la fuerza de Dios, que os trajo a esta tierra y que por algún designo especial os dio dominio sobre ella y sobre el piel roja. Ese designio es un misterio para nosotros, pues no entendemos por qué se exterminan los búfalos, se doman los caballos salvajes, se saturan los rincones secretos de los bosques con el aliento de tantos hombres y se atiborra el paisaje de las exuberantes cocinas con cables parlanchines.
¿Dónde está el bosque espeso?... DESAPARECIÓ.
¿Dónde está el águila? ...DESAPARECIÓ.
Así se acaba la vida y sólo nos queda el recurso de intentar sobrevivir.
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GANDHI

PENSAMIENTO DE GANDHI
Ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes y a no decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles.Si me das fortuna, no me quites la razónSi me das éxito, no me quites la humildad.Si me das humildad, no me quites la dignidadAyúdame siempre a ver la otra cara de la medalla, no me dejes inculpar de traición a los demás por no pensar igual que yo.Enséñame a querer a la gente como a mí mismo y a no juzgarme como a los demás. No me dejes caer en el orgullo si triunfo, ni en la desesperación si fracaso.Más bien recuérdame que el fracaso es la experiencia que precede al triunfo.Enséñame que perdonar es un signo de grandeza y que la venganza es una señal de bajeza.Si me quitas el éxito, déjame fuerzas para aprender del fracaso, si yo ofendiera a la gente, dame valor para disculparme y si la gente me ofende, dame valor para perdonar.¡Señor.....si yo me olvido de ti, nunca te olvides de mí !
Mahatma Gandhi

DAME LA MANO

DAME LA MANO
Gabriela Mistral
A Tasso de Silveira
Dame la mano y danzaremos; dame la mano y me amarás. Como una sola flor seremos, como una flor, y nada más...
El mismo verso cantaremos, al mismo paso bailarás. Como una espiga ondularemos, como una espiga, y nada más.
Te llamas Rosa y yo Esperanza; pero tu nombre olvidarás, porque seremos una danza en la colina y nada más...

LA AGONIA DEL BARDO

LA AGONIA DEL BARDO¡Qué duro, qué amargo recuerdoquedome de aquella desgracia...si a solas en ella medito,aún suelen saltarme las lágrimas!...Dejé mi chambergo en la percha;crucé sigiloso la sala;(hallando la casa en silencio,me dio una corazonada...)Alzando la verde cortina,miré receloso a la estanciaen donde tranquilo, sonriente,mi amigo el poeta, expiraba.¡Qué cuadro! La mesa de noche,en donde hacía guiños la lámpara,cubierta de drogas acerbasque no le sirvieron de nada;con heces de medicamentos,pocillos, goteros, cucharas,cucharas que vi que aún teníanla huella del labio marcada,de un labio tedioso, pasivo,que el líquido aquel desdeñara,de un labio que, ya medio muerto,sintiendo las drogas amargas,por ser obediente, sorbía,por falta de fe, no apretaba,dejando su hastío en las hecesde aquellas vasijas untadas.La pobre mujer de mi amigo,al lado del lecho, espantaba;los niños también allí junto,haciendo la escena más agria:la niña, de tres primaveras,absorta a los pies de la cama,asiendo a la madre el vestidoy viéndola fijo a la cara,y el niño más pequeñuelo, divino,e irónico ser que no andaba,cruzando la alfombra, sonriendo,¡y echando carreras a gatas!Yo estaba perplejo en la puertade aquella tristísima estancia;no pude, no pude moverme,¡aquello partíame el alma!De pronto la faz del enfermose puso ojerosa y opaca,la pobre mujer lanzó un grito:¡Hijitos, papá se nos marcha!...Y nada los niños dijeron,¡decir qué podrían sus ansiassi aún la mayor no entendíay aún el pequeño no hablaba!Mas, viendo los dos al enfermo,en sus inocentes miradas,qué bien comprendí qué decíaningenuos: ¡Papá... no te vayas!Yo quise auxiliarlos entoncesmas vi que mi amigo, con calma,después de moverse, esforzado,y como si reaccionara,tomando la mano a la esposa,le dijo a intervalos: Amada:La muerte se acerca... no temas,no llores, enjuga tus lágrimas,la muerte de ti tuvo celos,y viene a pedir que compartascon ella mi ser, que era tuyo,mis penas, mis dichas, mis ansias.La muerte también es mujer:no riñas con ella, me ama,verdad que se lleva mi cuerpomas queda contigo mi alma,la muerte va a ser... mi querida,mas tú sigues siendo la castaSeñora que manda en mi espíritu,de todo mi amor Soberana.Yo siento dejarte tan bella,y siento dejarte enlutada,y siento dejarte a los hombresvulgares expuesta mañana,que van a prender en tu vestede luto, pasando sus garras...¡Vampiros de espíritus tristes,vampiros de carne enlutada!¡Ah... son las viudas hermosasmanjar con que muchos se sacian;no sé cómo así la engullen,no sé... cuando saben a lágrimas...!
¡Cuán vas a extrañar mis caricias;mis rimas, cuán vas a extrañarlas,y cuando por mi te preguntenlos niños pasado mañana¡oh angustia! qué vas a decirles,qué vas a decirles, cuitada!¡Los niños!... Acércalos llámalos,que quiero llevarme grabadas,a flor de mis frías pupilastu cara amorosa y sus caras;serán en mi tumba dos dijesmis ojos cerrados, amada!La pobre mujer aún teníaoyéndolo hablar, esperanzamas viendo ponerse por gradosaquellas mejillas más pálidas,y viendo que aquellas pupilastornábanse tristes y vagas,alzando los ojos al cieloen son de reproche y plegaria,¡Dios mío!...-clamó ¿por qué injustote llevas el pan de esta casa?Y el cielo, por toda respuesta,al bardo inspiró que gritara,con voz de una angustia infinita,con voz que los huesos helaba:¡Qué abismo... me hundo... me hundo,tus brazos... tus brazos... amada!Tomolo aquel ángel en brazos;logró también él abrazarla;vibraron los nervios de broncedel lecho vibró el que expiraba:tomó ella en un beso el alientopostrero que el bardo exhalara;quedáronse así un instantela muerte y la vida enlazadas...y entonces creí que se oía,moviendo la oscura ventana,y como rozando los vidrios,un suave ruido de alas,tal cual si pasase por ellos,en vuelo magnífico, un alma...¡Oh, cuando yo quise prestarlesocorro a la esposa, se hallabaopresa en los brazos del muerto,tal cual si quisiera llevársela!¡Qué esfuerzo inaudito hice entoncesy cómo he podido arrancarlaal fin de los rígidos brazosllorosa sin fuerzas y flácida!Y cuando después de mi esfuerzovolví hacia el muerto la cara,lo vi con los brazos en círculo,cual si me pidiese abrazarla,y como diciéndome, mudo,con una sonrisa macabra:!Si es mía... ¿por qué te la llevas...?Si es mía por qué me la arrancas...!La noche llegó a los cristalesmuy negra, muy triste, enlutada,y como una madre amorosa,fue ella quien trajo a la cámarael cirio más grande: la lunaun cirio de luces muy blancas.En tanto, lloraban los niños;los perros, en torno, aullaban;la triste mujer, en mis brazos,lanzaba suspiros con ansias;el muerto, los brazos en círculo,sonriendo, la esposa esperaba...¡Señor! ¿Por qué el muerto reíaen tanto los vivos lloraban?¡Qué duro, qué amargo recuerdoquedome de aquella desgracia:si a solas en ella medito,aún suelen saltarme las lágrimas!JULIO SESTO

REIR LLORANDO

Juan de Dios Peza
Viendo a Garrik —actor de la Inglaterra—el pueblo al aplaudirle le decía:«Eres el mas gracioso de la tierray el más feliz...»Y el cómico reía.Víctimas del spleen, los altos lores,en sus noches más negras y pesadas,iban a ver al rey de los actoresy cambiaban su spleen en carcajadas.Una vez, ante un médico famoso,llegóse un hombre de mirar sombrío:«Sufro —le dijo—, un mal tan espantosocomo esta palidez del rostro mío.»Nada me causa encanto ni atractivo;no me importan mi nombre ni mi suerteen un eterno spleen muriendo vivo,y es mi única ilusión, la de la muerte».—Viajad y os distraeréis.— ¡Tanto he viajado!—Las lecturas buscad.—¡Tanto he leído!—Que os ame una mujer.—¡Si soy amado!—¡Un título adquirid!—¡Noble he nacido!—¿Pobre seréis quizá?—Tengo riquezas—¿De lisonjas gustáis?—¡Tantas escucho!—¿Que tenéis de familia?—Mis tristezas—¿Vais a los cementerios?—Mucho... mucho...—¿De vuestra vida actual, tenéis testigos?—Sí, mas no dejo que me impongan yugos;yo les llamo a los muertos mis amigos;y les llamo a los vivos mis verdugos.—Me deja —agrega el médico— perplejovuestro mal y no debo acobardaros;Tomad hoy por receta este consejo:sólo viendo a Garrik, podréis curaros.—¿A Garrik?—Sí, a Garrik... La más remisay austera sociedad le busca ansiosa;todo aquél que lo ve, muere de risa:tiene una gracia artística asombrosa.—¿Y a mí, me hará reír?—¡Ah!, sí, os lo juro,él sí y nadie más que él; mas... ¿qué os inquieta?—Así —dijo el enfermo— no me curo;¡Yo soy Garrik!... Cambiadme la receta.¡Cuántos hay que, cansados de la vida,enfermos de pesar, muertos de tedio,hacen reír como el actor suicida,sin encontrar para su mal remedio!¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora!¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,porque en los seres que el dolor devora,el alma gime cuando el rostro ríe!Si se muere la fe, si huye la calma,si sólo abrojos nuestra planta pisa,lanza a la faz la tempestad del alma,un relámpago triste: la sonrisa.El carnaval del mundo engaña tanto,que las vidas son breves mascaradas;aquí aprendemos a reír con llantoy también a llorar con carcajadas.
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RESUMEN De Mi Planta de Naranja Lima

Mi Planta de Naranja Lima
Primera Parte:
El descubridor de cosas
Un niño llamado Zezé tenía un hermano mayor llamado Totoca. Totoca le enseñaba muchas cosas como cruzar la calle. Zezé lo admiraba mucho. Su familia era muy pobre y su papá estaba sin empleo. Un día Totoca le pregunto a su tio Edmundo como había aprendido a leer. Él le contó que había aprendido de un día para otro. Un día Zezé le mostró a su tío como leía y quedó impactado. Todos lo supieron y lo encontraron un fenómeno. El tío Edmundo le había prometido darle un caballo de madera a Zezé si le mostraba como leía.
Una cierta planta de naranja-lima
Zeze iba con su hermano Luis al Zoológico. Él le mostró todos los animales que él no conocía. Luego Zeze fue con toda su familia a ver la casa nueva. Todos tomaron un árbol para que fuese de uno. Zeze solo tomó una planta de naranja-lima. De repente Zeze se dio cuenta de que la planta le estaba hablando. Ellos conversaron mucho y quedaron de verse todos los día cuando Zeze estuviera viviendo en su casa nueva. La planta se llamaba minguito.
Los flacos dedos de la pobreza
Zeze oyó una noticia en su vecindario de que después de la carretera Río-San Paulo iban a regalar juguetes. Después de convencer a se mamá para que pudiera ir, fue con su hermano menor Luis, con la condición de que se fueran con el cartero. El cartero los llevó pero al rato, le dijo que su trabajo se estaba retrasando por causa de ellos y los dejó en la carretera Rio-San Paulo. Tuvieron demoras debido al cansancio y cuando llegaron ya se habían ido. Al otro día en la noche era la noche buena, Zeze solo recibió unas monedas. Todo termino muy rápido y nadie recibió nada. Zeze al otro día todavía tenía esperansas de poder recibir unos regalos pero no lo encontró y sin querer insultó a su papá. Zeze trabajó mucho lustrando zapatos y con la plata que consiguió le compro a su papá unos cigarrillos y se reconciliaron.
El pajarito, la escuela y la flor
Se trato de que Zeze ya se estaba cambiando de casa. Transportaban las cosas en una carreta Al llegar allá Zeze habló con con la planta naranja -lima. Luego Zeze le hizo una broma a una señora que pasaba por ahí tiro un calcetín y la señora creyó que era una cobra. La señora gritó y luego averiguaron que Zeze había sido y lo retaron. Totoca le con a Zeze que tuvo un pájaro, lo quería mucho, era un pájaro muy fiel, pero un día se murió y Totoca no quiso tener un pájaro nunca más. Luego Zeze se inscribió en una escuela para asistir a clases. Él pensabe de que los alumnos aplicados le llevaban flores a la miss. Zeze penso y empezó a llevarle flores a su miss. La miss muy contenta lo admiraba y lo quería mucho. Un día la miss retó a Zeze porque descubrió que Zeze sacaba las flores de una casa. La miss le dijo que no le trajiera más y que cada vez que viera el florero se lo iba a imaginar lleno de flores dadas por Zeze.
En una celda he de verte morir
Se trató de que Zeze conocía a un cantante ambulante llamado Arriovaldo. Zeze quería trabajar con él. Arriovaldo aceptó. El trabajo de Zeze era vender folletos a las personas que pasaban por ahí. Lo que le daban era dada a Arriovaldo. Luego eso se le fue quedado a Zeze. Un día cuando almorzaban una señora insultó a Arriobaldo diciendo que como podía explotar a un niño tan chico. Luego de una gran discusión, Arriovaldo trata de amenazar a la señora con una navaja pero no le hizo nada. Arriovaldo dijo "me voy a vengar de ella".

sábado, 15 de mayo de 2010

Perséfone (Mito)

Perséfone creció feliz entre juegos, risas, cantos y bailes. Pero no todo podía ser hermoso (¿qué historia no tiene mezcla de risas y lágrimas?) y resultó que un día en que Hades, señor de los infiernos, se encontraba paseando por los límites de sus terrenos, se acercó demasiado a esa espesura en la que acababa el bosque, hogar de Perséfone. La vio, teniendo todo lo que él no tenía, esa gracia, esa vitalidad... y se enamoró, insistiendo en casarse con ella. En este punto, las historias se mezclan, hay quien dice que Zeus, el padre, no queriendo tener problemas con el amo de los infiernos, dio su consentimiento a la boda, sin dejarse ablandar por las súplicas de Deméter o las lágrimas de su hija. Otros cuentan que fue el propio Hades el que acabó urdiendo un plan por el que su amada bajaría a su reino, ya que él no podía abandonarlo. Y fue así que encantó una de esas flores que tanto le gustaban a la protagonista de nuestra historia, así que cuando ella se acercó un día que recogía flores para hacer una diadema, la flor encantada la engulló haciéndola descender al hogar de Hades.
Fueron días muy duros para Perséfone, que vio desaparecer todo aquello que amaba: las flores, el verdor del césped, las gotas de rocío con las que lavaba su cara al salir el sol... Al principio se mostró reticente incluso a entablar ninguna conversación con Hades, y se escondió en su mundo de recuerdos, pero según pasaban los días el enfado y la negación dieron paso a una resignación triste.
Hades había ya dispuesto todo para su boda, y llegado el día, Perséfone, ya sin lágrimas por todo lo que había llorado, dio el "sí, quiero", a su raptor. Algunos dicen que debería haber aguantado más... pero a veces la desesperanza es el peor de nuestros enemigos.
Mientras tanto, Deméter buscaba a su hija desesperadamente. Durante 9 días y 9 noches recorrió cada rincón de la tierra buscándola, hasta que el décimo día, el Sol, que todo lo ve, decidió contarle lo que había visto, la joven recogiendo flores y la tierra engulléndola. Deméter enfureció y dejó la tierra, que sin su presencia se quedó estéril y vacía, nada crecía ya en ella. Marchó a hablar con Zeus para que le exigiese a Hades que devolviera a la muchacha. Pero cuando Zeus iba a tomar cartas en el asunto era demasiado tarde y ya Perséfone se había casado con Hades, comiendo perlas de una granada en el pequeño banquete que hubo tras la boda, sin saber que la granada es la fruta del inframundo, que la retendría allí para siempre.

Pero todo esto no arredró a Deméter, que acabó bajando por su propio pie al mismo Infierno, tras cruzar la laguna Estigia, y sin temer al perro Cancerbero, fiel seguidor de Hades y guardián de las puertas infernales. Y allí, frente a frente con Hades, repitió su intención de recuperar a su hija y de permanecer en el infierno hasta que ella regresara a la tierra con ella.
Viendo Zeus que la tierra agonizaba sin Deméter en ella, que las flores se negaban a crecer, los pastos amarilleaban y hasta los animales dejaban de tener crías, se puso esta vez de parte de Deméter, y así acabaron llegando a un acuerdo con Hades. Perséfone pasaría medio año con él en el mundo de los muertos, y el otro medio con su madre, bajo el sol, y esta solución intermedia fue la que finalmente aceptaron todos, llegando Perséfone a reinar junto a Hades (y se cuenta que a interceder por los vivos en más de una ocasión) la mitad del año en que vivían juntos.
Es por esto por lo que la mitad del año, todo florece y llega la primavera, personificada en Perséfone, y la otra mitad, aquella en que vuelve al hogar de Hades, llega el frío, las lluvias y las nieves, ya que ella ha marchado y su madre la extraña y llora, regando los campos con nieve y hielo. Y así es como nosotros, los humanos, tan lejos de dioses, diosas y héroes, acabamos recibiendo las consecuencias de sus actos, siendo esta vez la secuencia de estaciones lo que nos llega de toda esta historia.

LA GRAN ORUGA PELUDA

LA GRAN ORUGA PELUDA
Lee Carroll

Parece ser que esta parábola tiene, para los niños, un mensaje inconfundible. Cuando se presenta en directo, la oruga dudosa tiene una voz profunda, cansada. Puede que incluso usted reconozca a la oruga cuando lea esto; muchas personas lo hacen. Es también una de mis favoritas.

El bosque estaba rebosante de vida, y debajo del tapiz de hojarasca que cubría el suelo, la gran oruga peluda hablaba a su grupo de orugas discípulas. No había cambiado gran cosa en la comunidad de las oru­gas. El trabajo de la gran oruga peluda era vigilar al grupo para que se conservaran y respetaran las viejas costumbres. Al fin y al cabo, eran sagradas.
—Se dice -decía la gran oruga peluda entre mordis­co y mordisco a su comida de hojas- que hay un espí­ritu en el bosque que está ofreciendo a todas las oru­gas un nuevo contrato mejor. Ñam, ñam. He decidi­do conocer a este espíritu y aconsejaros sobre lo que tenéis que hacer.
-¿Dónde encontrarás al espíritu? -preguntó una de las discípulas.
-Vendrá a mi -dijo la gran oruga peluda-. Al fin y al cabo yo no puedo ir muy lejos, ¿sabes? No hay comida más allá de la arboleda. No puedo quedarme sin comida. Nam, ñam.
Así que cuando la gran oruga se quedó sola, llamó en voz alta al espíritu del bosque y, poco después, el grande y tranquilo espíritu se acercó a ella. El espíritu del bosque era hermoso, pero gran parte de él queda­ba escondida puesto que la oruga no se movía de su cómodo lecho de hojas.
-No puedo ver bien tu cara -dijo la gran oruga.
-Ven un poco más arriba -dijo el espíritu del bos­que con voz amable-. Estoy aquí para que me veas.
Pero la oruga seguía donde estaba. Al fin y al cabo, ésta era su casa, y el espíritu del bosque estaba aquí porque le había invitado.
-No, gracias -dijo la gran oruga peluda-. Dema­siadas molestias. Dime, ¿qué es todo eso que oigo sobre un gran milagro sólo disponible para las orugas, no para las hormigas ni para los ciempiés, ¡sólo las orugas!?
-Es verdad, -dijo el espíritu del bosque- habéis ganado un regalo maravilloso. Y si decidís que lo que­réis, os diré cómo conseguirlo.
-¿Y cómo lo hemos ganado? -preguntó la gran oruga peluda, ocupada con su tercera hoja desde el principio de la conversación-. No recuerdo haberme presentado a nada.
-Lo habéis ganado a través de vuestros maravillo­sos esfuerzos de toda la vida para hacer que el bosque siguiera siendo sagrado -dijo el espíritu.
-¡Pues claro! -exclamó la oruga-. Hago esto cada día, cada día. Soy la líder del grupo, ¿sabes? Por eso estás hablando conmigo en lugar de con cualquier otra oruga.
Al oír este comentario, el espíritu del bosque son­rió a la oruga, aunque ésta no pudo verlo puesto que había decidido no salir de su hoja.
-He hecho que el bosque siguiera siendo sagrado durante mucho tiempo —dijo la oruga—. ¿Qué me ha tocado?
-Es un regalo maravilloso —contestó el espíritu del bosque-. Ahora eres capaz, a través de tu propio esfuer­zo, de convertirte en una hermosa criatura alada y ¡volar! Tus colores serán impresionantes, y tu movilidad dejará boquiabiertos a todos cuantos te vean. Podrás ir volando a donde quieras dentro del bosque. Podrás encontrar comida en todas partes y conocer a nuevas hermosas criaturas aladas. Y todo esto lo puedes hacer inmediatamente si quieres.
-¡Orugas que vuelan! —reflexionó la peluda—. ¡Es increíble! Si es cierto, muéstrame algunas de esas oru­gas voladoras. Quiero verlas.
-Es fácil -contestó el espíritu-. Simplemente viaja a un lugar más elevado y mira a tu alrededor. Están por todas partes, saltando de rama en rama disfrutan­do de una vida maravillosa y abundante al Sol.
-¡Sol! -exclamó la oruga-. Si realmente eres el espí­ritu del bosque, sabrás que el Sol es demasiado cálido para nosotras las orugas; nos cuece, sí, no es bueno para el pelo, sabes, tenemos que estar en la oscuridad;
no hay nada peor que una oruga con el pelo feo.
-Cuando te transformes en la criatura alada, el Sol resaltará tu belleza -dijo el espíritu amable y pacien­temente—. Los viejos métodos de tu existencia cam­biarán radicalmente, y dejarás los viejos hábitos de oruga por el suelo del bosque y te lanzarás a las nue­vas maneras de las aladas.
La oruga se quedó callada por un momento.
-¿Quieres que deje mi cómodo lecho y viaje a un sitio alto, al sol, para tener una prueba?
-Si necesitas una prueba, esto es lo que tienes que hacer -contestó el paciente espíritu.
-No, -dijo la oruga-, no puedo hacer esto, tengo que comer, ¿sabes? No puedo ir a sitios desconoci­dos bajo el Sol a papar moscas mientras hay trabajo aquí. ¡Demasiado peligroso! De todos modos, si fueras el espíritu del bosque, sabrías que los ojos de la oruga apuntan hacia abajo, no hacia arriba. El gran espíritu de la Tierra nos dio buenos ojos que apuntan hacia abajo para que podamos encontrar comida; cualquier oruga sabe eso. Lo que pides no hace para una oruga -dijo la oruga peluda, cada vez más desconfiada-. El mirar hacia arriba no es algo que hagamos a menudo.
La oruga se quedó callada por un instante.
-¿Y cómo conseguimos esta historia voladora? Entonces el espíritu del bosque explicó el proceso de metamorfosis. Explicó que la oruga tenía que comprometerse al cambio, puesto que no se podía dar marcha atrás una vez empezara. Explicó cómo la oruga usaba su propia biología mientras se encontra­ba en el capullo para convertirse en una criatura alada. Explicó que el cambio requeriría un sacrificio, un tiempo de oscuridad callada en el capullo hasta que todo estuviera listo para la conversión en una hermo­sa criatura voladora multicolor. La oruga escuchaba en silencio, sin interrumpir, excepto por los ruidos de masticación.
-A ver si lo he entendido -dijo irreverentemente la oruga-. Quieres que todas nosotras nos echemos e intentemos que nos ocupe una cosa biológica de la cual nunca hemos oído hablar. Entonces, ¿tenemos que dejar que esta cosa biológica nos encierre total­mente en la oscuridad durante meses?
-Sí —contestó el espíritu del bosque, que sabía per­fectamente hacia donde se encaminaba la conversación.
-Y tú, el gran espíritu del bosque, ¿no harás esto para nosotras? ¿Tenemos que hacerlo nosotras mis­mas? ¡Creí que nos lo habíamos ganado!
-Os lo habéis ganado -dijo tranquilo el espíritu—, y también habéis ganado el poder de convertiros en la nueva energía del bosque. Incluso mientras estás sen­tada en tu hoja, tu propio cuerpo está equipado para hacerlo todo.
-¿Qué ha pasado con los días en que la comida caía del cielo, las aguas se abrían y los muros de las ciuda­des caían, y cosas como esas? No soy tonta, sabes. Puede que sea grande y peluda, pero llevo por aquí algún tiempo. El espíritu de la Tierra hace siempre el mayor trabajo, y todo lo que se supone que tenemos que hacer es seguir instrucciones. De todos modos, si hiciéramos lo que pides, ¡nos moriríamos de hambre! Toda oruga sabe que tiene que comer todo el tiem­po..." Ñam, ñam. "... para seguir con vida. Tu gran nuevo contrato me parece muy sospechoso.
La oruga pensó por un momento y dijo ¡Descar­tado! al espíritu del bosque al tiempo que se volvía para ver de dónde sacaba el próximo mordisco. El espíritu del bosque se marchó en silencio como se le pedía, mientras oía a la oruga murmurar para sí misma: -¡Orugas que vuelan! ¡Y qué más! Ñam, ñam.
Al día siguiente, la oruga hizo una proclama y reu­nió a sus discípulas para una conferencia. Estaba todo inmóvil mientras la multitud escuchaba intensamen­te para averiguar qué era lo que la gran oruga peluda tenía que decir acerca de su futuro.
-¡El espíritu del bosque es malvado! -proclamó la oruga a sus discípulas-. Quiere engañarnos para llevarnos a un sitio muy oscuro donde, con seguri­dad, moriremos. Quiere que creamos que nuestros cuerpos se convertirán en orugas voladoras: todo lo que tenemos que hacer es ¡dejar de comer durante unos meses!
Una gran carcajada siguió a esta observación.
-El sentido común y la historia os mostrará cómo ha funcionado siempre el gran espíritu de la Tierra -siguió la oruga-. ¡Ningún buen espíritu os llevará a un sitio oscuro! ¡Ningún buen espíritu os pedirá que hagáis algo tan propio de Dios por voso­tras mismas! Estos son los trucos del malvado espí­ritu del bosque.
La oruga se hinchó de propia importancia, lista para el siguiente comentario.
-He estado con el malvado, ¡y lo he reconocido!
Las otras orugas se volvieron locas con aprobación tras este comentario, y llevaron a la gran oruga pelu­da en sus peludas espaldas en círculos a la vez que le agradecían que las hubiera salvado de una muerte segura.
Dejamos este festival de orugas y con cuidado nos vamos hacia arriba, a través del bosque. A medida que la conmoción del suelo se va desvaneciendo de nues­tros oídos, pasamos a través del tapíz de hojas que protege el suelo del bosque de los rayos del Sol. Poco a poco nos desplazamos a través de la oscuridad de las hojas, hacia el área reservada a aquellos que pueden volar. Y a medida que el estrépito de las orugas en celebración se aleja de nuestros oídos, experimenta­mos la grandeza de las aladas. Saltando de árbol en árbol bajo la brillante luz del Sol se encuentra una multitud de orugas voladoras de gloriosos colores lla­madas mariposas, cada una de ellas engalanada con el esplendor de los colores del arco iris, algunas de ellas viejas amigas de la gran oscura oruga peluda de abajo, cada una de ellas con una sonrisa y montones para comer, cada una de ellas transformada por el gran regalo del espíritu del bosque.

PARÁBOLA DEL POZO DE ALQUITRÁN

PARÁBOLA DEL POZO DE ALQUITRÁN
Lee Carroll
En un frío día de noviembre fui invitado junto con mi esposa Jan a transmitir las canalizaciones de Kryon a. una sesión en directo en Nueva York, en las Naciones Unidas (ONU). La Sociedad para la Iluminación y la Transformación, un grupo de meditación de la ONU, se reúne regularmente para la enseñanza exclusiva de los delegados y sus invitados. Kryon ofreció la parábola más breve de todas, y la que resume cómo, cuando cambia­mos, ¡todo cambial Esta también fue una de las prime­ras parábolas ofrecidas frente a un grupo.

Imagínese a sí mismo, junto con muchos otros seres humanos, en un pozo de alquitrán, cubiertos de alquitrán de la cabeza a los pies, incapaces de mover­se rápidamente de un sitio a otro debido al espesor del alquitrán. A medida que se desplaza penosamente de un lugar a otro, se va acostumbrando a esta situación y, año tras año vive su vida de este modo junto a los demás. Al igual que la gravedad del planeta, el estor­bo del alquitrán simplemente se acepta, es una reali­dad para todos. Este es su estado imaginado.
De repente, pero de manera callada, se le ofrece un regalo de Dios. Se trata de una herramienta "mágica" que limpia su cuerpo y lo mantiene limpio ¡aunque siga en el alquitrán! Como un campo energético, repele el alquitrán a medida que usted avanza entre él. Usted acepta el regalo y el trabajo que lo acompaña, y empie­za a aprender a usarlo. Usted cambia lentamente. Para los demás, está empezando a destacar, porque es dife­rente; fresco y limpio mientras ellos se mueven a su alrededor aún en el oscuro alquitrán. Empieza a darse cuenta de cómo usted ha co-creado esta situación para usted, pero también se da cuenta de que se trataba de un regalo muy personal y por lo tanto no dice nada.
Pero ¿cree que los que le rodean le harán caso omiso mientras anda libremente sin que el alquitrán le toque o le impida el paso a sus pies? Verán cómo el alquitrán toca su cuerpo y nunca lo ensucia. ¿Qué cree que sucederá? ¡Ah! ¡Fíjese! ¡ELLOS están a punto de cambiar! La primera cosa que ocurrirá es que vaya donde vaya, siempre habrá espacio, porque abrirán el paso para usted. La segunda cosa que ocurrirá es que le preguntarán cómo es posible algo así. Y cuando descubran la "herramienta mágica de Dios", cada uno de ellos empezará a usarla por sí mismo, y habrá más humanos "limpios"; cada persona estará creando para sí misma personalmente, igual que lo hizo usted.
Mientras continúa calladamente su vida durante un período de tiempo, ¡fíjese en lo que les sucede a los que le rodean! Más de la mitad de ellos estarán "lim­pios" y sin el estorbo del alquitrán. Párese y piense en lo que realmente ha sucedido. Usted no ha predicado su regalo ni ha pedido a ninguna de estas personas que cambie para usted, y sin embargo han cambiado. Así es como el resultado de sólo uno... ¡crea para muchos!
Les decimos, queridos, que cuando se cambian a sí mismos, es el principio del cambio alrededor de uste­des. Los humanos no pueden quedarse quietos cuan­do ven paz y amor emanando de ustedes. Es conci­liador y está lleno de amor a la vez. Como un imán entre otros imanes, su nueva polaridad tendrá efecto, más tarde o más temprano, en el alineamiento de todos los que les rodean, y su existencia nunca será igual.

miércoles, 5 de mayo de 2010

¡Madre!


¡Madre!
Cada día es una lucha por sacarnos adelante, desde que aceptaste la responsabilidad sublime de dejar florecer tu vientre, cada vez que en la vida nos hemos encontrado con muros tú nos ayudaste a derribarlos, arengándonos para vencer y seguir adelante en la contienda, por alcanzar nuestros sueños; nos nutriste con tus enseñanzas, con tu ejemplo de coraje a pesar de ser tan frágil, prodigándonos amor, con tu ternura y paciencia inagotable, eres tú nuestra estrella guía, la que nunca nos va a abandonar, estarás a nuestro lado hasta el día de nuestro último suspiro y aun más allá de los confines del universo; déjame en estas líneas que trate de expresar todo lo que siento, la emoción que me embarga por habérseme concedido en esta vida el honor de llamarte; ¡Madre!
Claudiale

martes, 4 de mayo de 2010

¿Por qué te fuiste?


¿Por qué te fuiste?
Diariamente me hago la misma pregunta y un nudo se me hace en el pecho, quiero encontrar la resignación pero simplemente no puedo, trato de ahogar la pena pero el despertar es peor; me abandono en mi cama pero debo seguir, es el destino que obliga a continuar, a levantarse del lodo de la desesperanza y el desconsuelo y me hace buscar algo en que aferrarme y arrastrarme como pueda, sin fuerzas, sin respiro, ahogada de dolor y llanto para ver la luz, esperando quizás que recuerdes que te olvidaste de mi, que en tu partida no miraste atrás, dime por favor…¿Por qué te fuiste sin mi?
Claudiale