viernes, 2 de abril de 2010

LA VIUDA DE WANG

Ahora les voy a contar la primera parte de la magnifica historia de la viuda de Wang, aquella mujer humilde que escucho la voz de los dondiegos, lo que nunca pudo ni podrá el más erudito de los emperadores...

LA VIUDA DE WANG I

El Emperador del Gran Cathay yacia en la estera del Fénix Dorado. El Consejo Privado estaba congregado en solemne tributo. El médico, de pie junto al lecho, escuchaba con su dedo enjoyado los tristes y lentos latidos del corazón.
Había llegado la última hora de la Era de la Conducta Valerosa. La silla de la Emperatriz estaba vacía junto al lecho de muerte de su Señor. Ella le había precedido hacía diecisiete años rumbo a la Tierra Amarilla.
Más allá de las murallas de la Ciudad Bermellón, China aguardaba las horribles nuevas anunciando que el Hijo del Cielo había oscurecido toda la tierra con su partida.
De repente hubo una discreta conmoción en la entrada a las Cámaras Imperiales, y el Capitán de los Guardias de Palacio, con ropas color carmesí de seda acolchada, atravesó la puerta circular. Musitó detrás de su manga al Señor Secretario, éste musitó detrás de su manga al Señor Chambelán, quien murmuró entre sus grandes barbas al Mayordomo, quien a su vez comunicó en voz apenas audible la sustancia de la cuestión al Primer Ministro, quien gravemente sacudió su cabeza.
Pero en la silenciosa estancia el anciano Emperador había percibido la agitación de su Corte, y abriendo sus ojos preguntó en voz baja la causa de la conmoción.
El Primer Ministro se postró ante el lecho del Fénix Dorado y replicó: - Majestad Serenísima, es el Capitán de la Puerta Sud, una cuestión sin importancia.
Entonces habló nuevamente el Emperador de toda la China: - El Intemporal que mora dentro del Templo del Corazón me lo cuenta de otro modo. Que el Capitán avance sin miedo y revele el asunto.
El Capitán, con sus vestiduras color carmesí, se acercó lenta y reverentemente hasta el lecho de muerte, y cubriendo su rostro, cayó de rodillas.
La voz baja que llegaba desde el lecho del Fénix le ordenó que se levantase: - La muerte no aguarda formalidades, mi Señor Capitán. Expresa tu misión mientras hay tiempo.
- Majestad Serenísima, Amado del Cielo y la Tierra, cuando esta mañana abrí la Puerta Sud de la Ciudad Prohibida encontré en el umbral este rollito de papel dirigido a Vuestra Magnificencia. Anoche hubo una estrella barbada en el Oeste; las llamas cayeron del Cielo, las aguas del mar se turbaron, y debido a los augurios de estos tiempos me atreví a no dejar de informar a la Corte de este extraño rollo de papel.
El Capitán sacó de su manga un pequeño rollo, y con máxima deferencia lo puso al costado del lecho, retirándose discretamente.
El moribundo Emperador tocó el rollo y movió solemnemente su cabeza: - Hiciste bien, mi Señor Capitán; oiremos las palabras del rollo.
El Gran Secretario recibió el rollo y los Cinco Secretarios de las Cinco Provincias reuniéronse alrededor de aquél, cada cual con su pincel y su tintero. Con dedos delicados el Gran Secretario desenvolvió el rollo que era de gran tamaño, observando: - Soberanísima Majestad, el papel es pobre y barato, y la escritura es tosca, producto de quien jamás aprendió trazos delicados.
La fatigada voz replicó: - Tenemos poco tiempo, Mi Señor Secretario, para el papel y los rasgos; que los vivos observen estas cosas; lee las palabras.
Sosteniendo la lente de cristal ante sus ojos, el Señor Secretario habló con tonos apropiados y modulados:
"En medio de los vapores del amanecer
Caminé solitario por mi pequeño jardín
Y oí la canción de los dondiegos
Que abrieron sus corazones a mi Señor del Día".
El Señor Secretario bajó el rollo: - Sublimísima Majestad, he aquí las palabras. No hay firma ni sello.
Hubo silencio en la Sala de las Peonias. El Consejo Privado esperaba oir las palabras del Emperador. Al fin la voz habló nuevamente desde los velos del lecho del Fénix: - Mis Señores del Reino Medio, demos gracias al Emperador Amarillo del Cielo porque en nuestras últimas horas hemos tenido el privilegio de recibir este augurio feliz de nuestra transición. Antes que de modo acorde partamos hacia nuestro Señor del Día, oíd ahora nuestro gozo y que se redacte una ley y un edicto en los cinco idiomas, despachándoselo a todas las regiones de nuestro Imperio.
Los Cinco Secretarios prepararon sus tablillas de marfil y la Corte guardó silencio con máxima expectativa.
La fatigada voz del anciano continuó: - Es nuestro deseo que el autor de este poema sea descubierto sin restricción de costo ni tiempo, y conducido a la Ciudad Bermellón, y condecorado con la Orden de los Dos Dragones, y titulado El Honorable Oyente del Dondiego, y este nombre y título inscrito en los anales, y beatificado como digno de veneración. Que este edicto reciba el Sello Imperial.
Hubo un momento de silencio, y luego la voz prosiguió: - Y ahora, mis Señores del Reino Medio, mi tiempo ha llegado. El Ser Trascendente ordena me despida del cuerpo. En medio de los vapores del amanecer camino solitario por mi pequeño jardín...

jueves, 1 de abril de 2010

¿Qué es el Jardín del Viz Conde Tí?

Es un lugar donde espero podamos compartir todo aquello que dejó huella en nuestras almas y que en todos los momentos de nuestras vidas nos ayuda para recuperar nuestras fuerzas y seguir adelante en la busqueda de nuestra felicidad. Es el recuerdo de aquel libro que me regaló mi madre, titulado "El Camino del Cielo" escrito por Manly Palmer Hall donde encontré el más bello y fiel relato de la historia de amor de su Excelentísima Majestad del Palacio del Lirio Blanco el Viz Conde Ti y Li - Lee el Genio de la ciudad Encantada de Yo, creada por la frase vertida con el último suspiro del gran poeta Chang Yu (esclavo del cruel Emperador que que desdeñaba la instrucción) al ver una flor silvestre: "La Belleza es Eterna y sobrevivirá a todas las malas acciones humanas", que al ser conferido de inmortalidad en el libro de los Mil Poemas Inmortales, logró darle su alma a la Genio, e inmortalizando su amor.
Claudiale